La sociedad argentina levantó la bandera del #NiUnaMenos. Escrito por la Dra. María Asunción Ramos
El pasado 3 de junio se promovió a través de las redes sociales una convocatoria frente al Congreso de la Nación en contra de los femicidios, bajo el “hashtag” #NiUnaMenos, a raíz del crimen de Chiara Páez, la nena de 14 años embarazada que apareció enterrada en la casa de su novio de 16.
Es innegable que la violencia es un problema que ha avanzado en todos los ámbitos de nuestras vidas, y pese a que todos los seres humanos tenemos el derecho a vivir una vida sin violencia, son las mujeres las que históricamente han sufrido violencia por el hecho de ser mujeres.
Este crimen ha sido el disparador para que la sociedad toda se sumara a la lucha por erradicar la violencia contra la mujer.
Esto significó una toma de conciencia sobre que el femicidio se ha convertido en la forma más extrema de violencia.
Si bien no existen estadísticas oficiales, de los informes que elabora el Observatorio de Femicidios en Argentina de la Asociación Civil La Casa del Encuentro, surge que en los últimos 7 años 1.808 mujeres y niñas fueron asesinadas en contexto de violencia de género. Que una mujer cada 31 horas es asesinada por el hecho de ser mujer y también 2.196 hijas e hijos quedaron sin madre.
Asimismo, según datos del informe de Femicidios del año 2.014, se produjeron 277 femicidios de mujeres y niñas; 29 femicidios vinculados de hombres y niños; en el 56% de los casos los femicidas eran parejas o ex parejas; el 63% de las víctimas tenía entre 19 y 50 años. Otros datos señalan que más del 50% fueron asesinadas en su vivienda o la vivienda compartida, y otras en diferentes espacios externos; en el 15% de los femicidios los perpetradores tenían denuncias previas o medidas judiciales; 330 hijos quedaron sin madre, de los cuales 200 son menores de edad.
En las últimas décadas en nuestro país se han dictado normas que han procurado regular este tipo de violencia. Así, se sancionó la Ley Nº 26.485 de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres extendiendo protección no sólo al ámbito doméstico, sino también al social, laboral y estatal. Se destaca que esta ley incorpora, entre otros puntos importantes el concepto de género.
Por otro lado, se sancionó la Ley Nº 26.842 de prevención y sanción de la trata de personas y asistencia a sus víctimas.
Asimismo, se incorporó al Código Penal de la Nación el agravante por violencia de género.
Respecto de algunas medidas que se adoptaron, es importante mencionar que, para garantizar el acceso rápido a la Justicia, la Corte Suprema de Justicia de la Nación ofrece una Oficina de Violencia Doméstica (OVD) abierta los 365 días del año, las 24 horas del día. Asimismo, a instancia de la Dra. Carmen Argibay, se dictó la acordada 13/2.009 creando la Oficina de la Mujer, que lleva adelante la tarea de “velar porque en la esfera del Poder Judicial se impulse un proceso de incorporación de la perspectiva de género en la planificación institucional y en los procesos internos”[1]; se inauguraron líneas telefónicas de asesoramiento; se crearon dependencias dedicadas a esta temática, como las Comisarías de la Mujer, direcciones nacionales, provinciales y locales, entre otras medidas.
Es decir, nuestro país se fue adaptando normativamente al sistema internacional de Derechos Humanos.
Sin embargo, toda la normativa y las medidas adoptadas, no han tenido la eficacia que se esperaba y no bastan por sí mismas.
En este sentido se coincide con lo expresado por Gladis Acosta (designada experta en el Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer, CEDAW), en la entrevista que se realizara vía skype en el marco del “Taller de litigio estratégico en Derechos Humanos para las Mujeres”, realizado en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales y Políticas de la UNNE, los días 16 y 17 de Junio, de que la lucha contra la violencia de género “(…) requiere de política intensiva, consistente y prolongada (…), a veces la ley no tiene fuerza y la Sociedad tiene otras reglas de allí la importancia de modificar la educación, el diálogo con los medios, con las autoridades, lograr políticas en favor de las mujeres (…)”
La violencia de género es un problema de Derechos Humanos, que atenta contra la vida, la integridad psicofísica y la libertad de las personas por lo que su prevención, tratamiento y erradicación es problema de todos y pareciera ser que el #NiUnaMenos significó eso para el pueblo argentino. Pareciera ser que ese día la sociedad tomó conciencia de esto y por ello reclamó “mayores y mejores derechos para las mujeres”.
Es decir, no se puede desconocer que por parte del Estado quedan pendientes, entre otras cuestiones a resolver:
-fijar presupuestos acordes para llevar a cabo una tarea preventiva por parte de los órganos administrativos;
-facilitar mayor capacitación y formación especializada a los diferentes agentes que intervienen e interactúan en la problemática (no sólo sistema judicial también las fuerzas de seguridad, los profesionales de la salud, los docentes, etc.);
-hacen falta dispositivos de protección como, por ejemplo, botones antipánico en todo el país;
-brindar refugios y hogares de tránsito para aquellas mujeres que no tienen recursos económicos o redes sociales de contención;
-tratar en el Congreso de la Nación un proyecto de ley para la pérdida automática de la patria potestad del femicida condenado;
-otorgar asignación económica temporal a las víctimas de violencia de género; un subsidio a los huérfanos del femicidio.
A su vez hay que modificar las currículas educativas de todos los niveles para introducir la temática dentro del capítulo de los Derechos Humanos; así como es indispensable en la formación universitaria la mirada de género en todas las carreras, especialmente en las que tienen relación directa con las víctimas.
Es decir, la lista no tiene fin.
Sin embargo, como sociedad hemos levantado la bandera del #NiUnaMenos,hemos asumido el compromiso de exigir que este panorama desolador cambie, no hay marcha atrás y desde nuestro lugar podemos realizar nuestro aporte.
Aprendamos desde nuestro lugar de padres y ciudadanos a superar las barreras de tipo cultural, que van más allá del sistema jurídico.
Aprendamos a erradicar frases y pensamientos que en realidad esconden “estereotipos de género” tales como “un poco de culpa la mujer también tiene” “¿para qué sale vestida así, quiere que la violen?”
Aprendamos como instituciones escolares a revisar las prácticas para fomentar y combatir la discriminación hacia las mujeres.
Aprendamos a construir relaciones de igualdad y de respeto.
Aprendamos que erradicar la violencia de nuestras vidas, es una tarea diaria.
[1] Medina, Graciela. Violencia de Género y Violencia Doméstica. Responsabilidad por daños. Rubinzal Culzoni Editores. 1ª edición. Santa Fe, 2013.




